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Habilidades Blandas

Las competencias que sus equipos necesitan para prosperar

eye 108 Publicado en 30 Mar. 2022
Las
tag #Desarrollo de competencias

Los conocimientos técnicos, que se rivalizan desde hace tiempo con las habilidades interpersonales, han sido, finalmente, destronados durante esta crisis. 
Dominar el nuevo programa de Recursos Humanos, para poner al día la agenda de los equipos que teletrabajan, supone algo nuevo. Pero, saber manejar los equipos desde el teletrabajo, abrirse a las nuevas prácticas, afirmar su fortaleza de carácter frente a las dificultades, compaginar serenamente con las restricciones impuestas, seguir confiando en las propias decisiones, mantener la esperanza de un futuro mejor, es mucho más complejo.

Las competencias intrapersonales o blandas nos permiten sacar el poder que llevamos dentro para reinventarnos, encontrar nuestro lugar y reafirmarnos.Veamos las 8 habilidades que pueden desarrollarse mediante un trabajo sostenido para convertirse en activos sólidos para el éxito.

1. Automotivación

Capacidad para encontrar en sí mismo el deseo de alcanzar un objetivo a pesar de los obstáculos y sin necesidad de recibir apoyo externo.

Una persona automotivada sabe porqué hace las cosas, se responsabiliza de sus actos y se involucra en su trabajo. Esta mentalidad es fundamental para tomar el control, implicarse en sus proyectos y llevarlos a cabo, a pesar de los obstáculos o las dificultades que se interpongan en el camino.

Tener automotivación implica ser autónomo, donde el prefijo “auto” supone que la motivación viene de uno mismo. La persona no necesita el apoyo o estímulo de sus compañeros o superiores.

La persona desmotivada o que necesita constantemente a los demás para progresar, limita de manera considerable su capacidad de actuar. Esto, pues depender de la ayuda externa implica atentar contra la propia razón de ser. La persona demandante no siempre se sentirá satisfecha con el deber cumplido y cuestionará, incluso, su utilidad.

Estas personas tienen mayor tendencia a abandonar sus proyectos, ya que, aunque, en principio, pueden fijarse objetivos, también pueden echarse atrás desde el momento en que surgen las primeras dificultades. También, son personas propensas a la procrastinación, posponiendo constantemente las tareas hasta alcanzar la fecha límite, lo que interviene como estímulo externo a su motivación.

2. Confianza en sí mismo

Sentirse seguro y creer en las propias capacidades, decisiones  y opiniones, incluso cuando los demás no están de acuerdo.

La confianza en sí mismo es una fuerza interior que le permite creer que todo es posible. Es un sentimiento de seguridad y firmeza que anima a las personas a emprender cosas nuevas. Una persona segura de sí misma avanza a pesar de las dudas y la incertidumbre, y no teme la novedad, ya que está convencida de que tiene a su alcance los recursos para triunfar.

Una persona que confía en sí misma tiene mejor predisposición que las demás para saber lo que le conviene y de lo que es capaz. Cree en sus competencias y confía en su criterio para tomar decisiones, llevar a cabo sus proyectos y evolucionar en la adversidad.

Las personas que tienen una falta de autoconfianza, tienden a dudar de sí mismas y a autocuestionarse. Subestiman su capacidad de éxito, rehúyen los desafíos y se asustan con lo nuevo. En tiempos de crisis, esta falta de confianza genera ansiedad, ya que la incertidumbre provocada por esta situación puede hacer que la persona se alarme o se sienta nerviosa.

La falta de confianza en sí mismo genera miedo de no estar a la altura, pudiendo paralizar a la persona e impedirle abarcar nuevos proyectos. Para un directivo, puede suponer una dificultad a la hora de asumir plenamente su papel y sentirse cómodo ejerciéndolo.

3. Autoconocimiento

Capacidad de escucharse a sí mismo para saber identificar y comprender las propias emociones, necesidades y deseos, y determinar así lo que más nos conviene, incluso en situaciones nuevas y emocionalmente estresantes.

El individuo que comprende su manera de funcionar, que es consciente de sus virtudes, fortalezas, valía y aptitudes, está correctamente equipado para progresar de manera favorable en la vida. Es capaz de movilizar los recursos necesarios para progresar día a día, pero, también, para hacer frente a los imprevistos y retos.

El autoconocimiento constituye, además, un impulso para el desarrollo de habilidades ya que conocer las propias fortalezas y virtudes, implica conocer las propias carencias y áreas de mejora. Esta conciencia del potencial de mejora es fundamental para tomar las riendas e implicarse en el propio desarrollo.

Una persona con un autoconocimiento deficiente puede tener dificultades en poner rumbo a su vida, ya que ¿cómo podemos embarcarnos en un viaje personal si no nos conocemos bien? Al tener poca conciencia de sí mismo, es más probable que tome decisiones erróneas y que esté a la merced de los demás, ya que sus necesidades, capacidades y prioridades no van a haber sido, necesariamente, bien consideradas.

4. Resiliencia

Capacidad para sobreponerse de una desgracia o fracaso.

Una persona resiliente también está sometida a los fracasos y avatares de la vida. Sin embargo, sabe interpretarlos como oportunidades para mejorar, gracias a la capacidad que tiene de autocuestionarse, responsabilizarse y aceptar las cosas. A esta persona, decirse que lo hará mejor la próxima vez, le ayudará a pasar rápidamente a otra cosa, mientras dirige su mirada hacia el futuro en lugar de dejarse abatir por situaciones del pasado, ya que, para ella, el pasado quedó atrás.

Por otra parte, sabe pasar página, sin cargar su mente de arrepentimientos. Las personas poco resilientes necesitan más tiempo para digerir un acontecimiento difícil y cicatrizar las heridas. Necesitan más apoyo de su entorno para hacer un balance de los fracasos y encontrar la fuerza de liberarse de las adversidades pasadas. A veces, abrumadas por sus pesares, pueden tender a recordar el pasado e intentar recrear las escenas, con la esperanza de encontrar una salida.

La falta de resiliencia puede dejar a estas personas inmersas en un repetitivo estado nostálgico, que las hace avanzar echando la vista atrás, luchando con las perpetuas cadenas del pasado de las cuales les cuesta liberarse.

5. Autocontrol

Capacidad para contener sus impulsos y moderar su reacción manteniendo la mente clara y una actitud adecuada.

En situaciones difíciles, tener autocontrol ayuda a mantener la calma y no dejarse llevar por las emociones como el enfado o la frustración. La persona con un total autocontrol sabe tomar distancia para observar la emoción y analizarla, con la finalidad de entender su contenido y reaccionar de forma adecuada.

Una gestión sana de las emociones permite afrontar de otro modo los acontecimientos dolorosos, experimentando la emoción que surge sin tratar de evitarla o negarla. En situaciones imprevistas o estresantes, ser maduro en el plano emocional consiste en saber relativizar estos acontecimientos y mantener el control de sí mismo, para reaccionar de forma constructiva.

Cuando a una persona le cuesta practicar el autocontrol, puede experimentar dificultades para contener las emociones y adueñarse de las propias reacciones. Esto puede traducirse en impulsividad y actitudes de las que puede arrepentirse más adelante, tanto en las palabras como en los gestos. El entorno puede convertirse en un impotente testigo de estas explosiones emocionales, a menudo difíciles de anticipar. 

Esta dificultad para controlar las reacciones puede abrumar a la persona y afectar su funcionamiento. Por ejemplo, cuando tiene que encontrar soluciones rápidas, la sobrecarga emocional generada por el carácter repentino y la envergadura del acontecimiento, pueden paralizarla e impedirle mantener la mente serena para entender la situación.

6. Flexibilidad

Capacidad de ajustar la forma de pensar, comportamientos y emociones  para adaptarse a nuevas normas y situaciones.

La persona flexible es consciente de lo que pasa a su alrededor y sabe cuándo hace falta desempeñar a pleno su función. Sabe ocupar el lugar oportuno, en el momento justo, para estar en sintonía con los demás y su entorno. Además de estar abierto a nuevas formas de proceder, es consciente de que convive con gente diferente, a la que busca adaptarse constantemente para lograr el mayor equilibrio.

La persona flexible sabe decir adiós a sus costumbres, salir de la rutina y adaptarse a una nueva situación. Es abierta de espíritu y mira hacia el futuro con optimismo, infundiendo en ella entusiasmo y el deseo de mejorar su presente.

Las personas poco flexibles pueden mostrarse rígidas en su modo de pensar y sus comportamientos, por lo que les resulta difícil adaptarse a situaciones nuevas. Pueden tender a conformarse con sus logros y moverse en una zona de confort en la que se sienten seguras. Su campo de visión es limitado y les cuesta tener una visión global de su entorno, lo que les ayudaría a ser más receptivos con lo que ocurre, para poder reaccionar en consonancia.

7. Autoestima

Juicio de valor global que facilita la realización de una evaluación realista de sí mismo, al tener conciencia de las propias fortalezas y debilidades.

La autoestima ejerce un papel positivo en el estado anímico, que conlleva a la aceptación de sí mismo. La persona se ve como es, sabe concentrarse en sus fortalezas y acepta con naturalidad sus debilidades. Tiene un buen autoconcepto sin importarle lo que piensen los demás. Puede recibir mejor las críticas, percibiéndolas desde un punto de vista constructivo.

Tener una buena autoestima es ser consciente de las propias cualidades y saber aprovechar sus virtudes, desde la propia singularidad, forma de pensar y actuar.

Para las personas que tienen una baja autoestima, puede resultar difícil recibir cumplidos y señales de reconocimiento, porque a duras penas se los creen. Estas personas tienden a hablar mal de sí mismas y a infravalorarse. Tienden a tener complejos, compararse, buscar la aprobación de los demás.

Propensas al autodesprecio, son más susceptibles de establecer relaciones desequilibradas, al mismo tiempo que les cuesta instaurar relaciones satisfactorias.

8. Optimismo

Tendencia a estar satisfecho con la vida en general y a ver el lado positivo de las cosas.

Sonriente por naturaleza y con chispa, una persona optimista adopta naturalmente una actitud positiva y tiñe su discurso de esperanza y ligereza. Sabe encontrar lo bello en una situación desagradable, así como palabras gratificantes para los demás.

Una persona optimista sabe apreciar su vida y las cosas que la rodean y cree en un futuro mejor. Es una persona que sabe ver el lado positivo de las cosas y sacar partido de cada situación. No suele dejarse intimidar por las oportunidades ya que aprende de sus fracasos, en caso de producirse.

Las personas con dificultades para sentirse optimistas tienden más fácilmente al desánimo. Su visión de la vida está teñida por las dificultades, pruebas, peligros y errores del pasado, lo cual afecta a su discurso, que viene a menudo cargado de gran pesimismo.

La tendencia de estas personas a anticipar las dificultades hace que puedan sentirse rápidamente decaídas. Asimismo, pueden experimentar dificultades a la hora de utilizar sus recursos y fortalezas a su favor para progresar en la vida.

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Helen Simard

Asesora en gestión de carrera / Consultora psicologa

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